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Tal vez, para entender los retos de nuestro actual mundo globalizado nos ayude comprender, entre otras cosas, cómo todas las obras de arte - todos los objetos realizados por distintas civilizaciones a lo largo de la historia – constituyen archivos del mensaje y de la acción del hombre. Es decir, entenderlos como aquella tarea que nos permite visibilizar el mundo a través de la creación: aquella representación que está sujeta a unos códigos que a su vez rigen el conjunto de normas sobre las que en mayor o menor medida se estructura la forma artística. Una experiencia autotélica en la que, además, desde el pasado remoto hunden sus raíces los principios estéticos, perfeccionando su unidad en reinterpretaciones posteriores.

Un contexto cultural que nos permitirá comprobar en qué medida, a pesar de las distancias y las diferencias, Europa y Asia no están tan separadas como pudiese parecer en un primer momento. Efectivamente, ya desde la prehistoria las tribus nómadas de Asia Central y posteriormente las milenarias rutas comerciales - como la Ruta de la Seda - favorecieron un rico intercambio humano y cultural entre Oriente y Occidente. Al amparo de esta idea, el ámbito de estudio de la unidad de Arte y Estética del Grupo de Investigación Reconocido Humanismo Eurasia (HUME) se ciñe, desde el marco geográfico de Eurasia, al estudio del encuentro de las diferentes culturas con el mundo, con sus fenómenos y situaciones – tanto naturales como creadas – que puedan producir emociones y placer estético. Es decir, ahondar en las raíces más antiguas de la apabullante geografía física y humana que conforman el espacio euroasiático, estudiando, a través de esta, los diferentes códigos culturales implícitos en sus diversas manifestaciones artísticas.

De este modo, hablando tanto de elementos comunes como de diferencias, podremos acercar estos espacios y sus diversas culturas, partiendo siempre de la base de un concepto de cultura que no esté entendido como una idea de enfrentamiento cultural. Es decir, entendiendo las diferencias como un juego de posibilidades que enriquezcan la singularidad de todas las ellas. Porque todos los fenómenos locales son al fin y al cabo fenómenos potencialmente globales. En consecuencia, para la comprensión y estudio de la estética y del arte, y sus derivados, necesitamos, en el sentido formulado por Frazer, “[…] descubrir el camino seguido por el pensamiento que fundamenta la práctica del arte […] desenredar los hilos que en reducido número forman la embrollada madeja; aislar los principios abstractos de sus aplicaciones concretas; en suma, discernir la ciencia espuria tras el arte bastardo”.

Linternas japonesas

Blog del Área de Arte y Estética del Grupo de Investigación Reconocido Humanismo Eurasia de la Universidad de Salamanca

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